El indicador elaborado por la Universidad de Palermo registró un retroceso del 2,2% frente al mismo mes del año pasado y una contracción del 1,8% en lo que va de 2026. Los analistas advierten que la pérdida de impulso en las tarjetas de crédito y la baja en la recaudación del IVA consolidan una fase de bajo crecimiento generalizado.
Las fluctuaciones en los niveles de demanda interna y el comportamiento de las compras de los hogares constituyen variables de referencia macroeconómica indispensables para evaluar el impacto de las políticas fiscales, la evolución del poder adquisitivo y la dinámica del mercado laboral en la provincia de Buenos Aires y todo el territorio federal. Cuando los indicadores de consumo masivo ingresan en un ciclo prolongado de contracción, las proyecciones de reactivación de los sectores productivos e industriales se ven obligadas a reconfigurarse ante la falta de señales claras de una recuperación que sea verdaderamente sostenible en el tiempo. Para las plataformas de noticias enfocadas en el análisis pormenorizado de la coyuntura financiera, desglosar las planillas y relevamientos de los centros de estudios académicos resulta un insumo crítico para analizar el pulso de la actividad económica.
El consumo de los hogares argentinos continúa transitando una etapa de debilidad estructural y sigue sin encontrar un sendero de recuperación que se mantenga en el tiempo, según se desprende del último Índice de Consumo Privado (ICP-UP) elaborado de forma sistemática por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo. El reporte técnico correspondiente al mes de mayo registró una caída del 0,3% en comparación con el mes de abril y un retroceso del 2,2% frente al mismo período de 2025, encadenando de esta manera una secuencia de seis meses consecutivos de mermas interanuales y arrastrando una contracción acumulada del 1,8% durante los primeros cinco meses de 2026. Al respecto, el decano de la unidad académica, Gabriel Foglia, explicó que los datos demuestran que el comportamiento general pasó de una tendencia de recuperación a una fase de estancamiento donde las mejoras observadas son exclusivamente puntuales y concentradas en muy pocos sectores del mercado. Uno de los puntos más alarmantes del informe radica en el hecho de que el financiamiento, que venía actuando como un paliativo para sostener los niveles de gasto cotidianos, comenzó a perder fuerza de manera nítida: las compras con tarjetas de crédito sufrieron una caída real del 3,5% interanual durante mayo, en sintonía con la desaceleración de los préstamos personales y una baja del 3% real en la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), un indicador clave que se utiliza habitualmente como el termómetro más preciso para medir el nivel de transacciones comerciales.
El panorama descripto por los especialistas de la alta casa de estudios enciende luces de alerta entre las cámaras de comercio y los sectores vinculados a la distribución mayorista de mercaderías. Estiman que la persistencia de estos números negativos obligará a los principales operadores del sector privado a revisar sus estrategias de stock y promociones de cara al próximo trimestre del año fiscal.

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