El presidente del cuerpo, Martín Menem, dejó escapar un exabrupto segundos antes de alcanzar las 129 bancas necesarias para habilitar el tratamiento del proyecto de super-RIGI.
La gestión de las mayorías parlamentarias por parte de las minorías oficialistas exige una rigurosa disciplina de bloque que suele ponerse a prueba en las sesiones de alta trascendencia económica y política. Cuando el número para iniciar el debate se encuentra al límite del reglamento, las demoras individuales de los legisladores pueden hacer tambalear acuerdos políticos complejos alcanzados con las bancadas aliadas. La filtración de las comunicaciones internas de las autoridades de la cámara visibiliza el nivel de presión técnica y operativa que rodea a la articulación del quórum formal.
Durante la antesala de la sesión especial convocada en la Cámara de Diputados de la Nación, los micrófonos oficiales del recinto registraron un reclamo del presidente del cuerpo, Martín Menem, dirigido al nuevo vocero presidencial por la ausencia momentánea de un diputado clave. El tablero electrónico marcaba 128 presentes cuando Menem, visiblemente afectado por la parálisis del inicio, exclamó la falta de un legislador de su propio espacio para destrabar la sesión. La urgencia apuntaba directamente a la necesidad de consolidar el número legal para abrir el debate sobre las iniciativas de incentivos a las grandes inversiones y el acuerdo con los bonistas.
El episodio concluyó cuando el diputado aludido ocupó su banca, permitiendo el inicio del orden del día bajo un clima de fuerte paridad política.

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