Un grupo de especialistas analizó cómo el uso de chatbots de inteligencia artificial puede afectar el desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad y la incorporación de conocimientos. También plantearon qué usos de la tecnología sí pueden ser beneficiosos para la educación.
El avance de la inteligencia artificial (IA) en las escuelas abrió un debate que atraviesa a docentes, estudiantes y familias: ¿estas herramientas ayudan realmente a aprender o facilitan procesos que deberían ser realizados por los propios alumnos?
Un grupo de expertos argentinos analizó el impacto de los chatbots basados en modelos de lenguaje, como ChatGPT, sobre los procesos de aprendizaje y cuestionó su utilización para realizar tareas escolares. Según su planteo, el problema no radica necesariamente en la tecnología en sí, sino en el uso que se hace de ella dentro del aula.
Los especialistas sostienen que la escuela tiene entre sus principales objetivos el desarrollo del pensamiento crítico y la capacidad de razonamiento, habilidades que requieren práctica, tiempo y la posibilidad de equivocarse para incorporar nuevos conocimientos.
Por qué los expertos cuestionan el uso de ChatGPT para hacer tareas
El aprendizaje requiere que los estudiantes se enfrenten a desafíos adecuados a sus conocimientos y desarrollen progresivamente nuevas capacidades. En ese proceso, los errores cumplen un papel importante porque permiten revisar conceptos y construir nuevas formas de razonamiento.
Desde esta perspectiva, los especialistas advierten que utilizar un chatbot para resolver directamente una tarea puede eliminar buena parte de ese proceso.
Los modelos de lenguaje son capaces de generar respuestas, redactar textos, resumir información y resolver distintos tipos de consignas en pocos segundos. Esto puede resultar útil desde el punto de vista de la productividad, pero los expertos plantean que hacer una tarea más rápido no necesariamente significa aprender más.
También señalan que estas herramientas pueden entregar respuestas convincentes sin garantizar que toda la información sea verdadera o esté correctamente fundamentada.
Los estudios que encendieron la alarma
El pronunciamiento reúne diferentes investigaciones recientes sobre el impacto de los modelos de lenguaje en el aprendizaje.
Uno de los trabajos mencionados analizó durante 30 meses los datos educativos de más de 26.000 estudiantes secundarios de China. Según los resultados citados, quienes utilizaban chatbots completaban las tareas un 30% más rápido y obtenían inicialmente mejores calificaciones. Sin embargo, después de seis meses sus notas habrían comenzado a caer y también se registraron peores resultados en evaluaciones posteriores.
Otro estudio, realizado por investigadores estadounidenses, analizó la creatividad en ensayos escritos con y sin asistencia de ChatGPT. Si bien los textos individuales realizados con ayuda del chatbot mostraron mejores resultados en determinados indicadores, el análisis colectivo encontró una mayor similitud entre las producciones realizadas con IA.
Los especialistas interpretaron este resultado como una posible homogeneización de las ideas y del lenguaje, en contraste con la diversidad que puede surgir cuando los estudiantes desarrollan sus propias respuestas.
También se cita una investigación del MIT realizada con 54 estudiantes universitarios, divididos en grupos que utilizaron ChatGPT, Google o ninguna herramienta externa para redactar textos.
Según los resultados mencionados, quienes utilizaron el chatbot tuvieron mayores dificultades para recordar y citar correctamente partes de sus propios trabajos. Los investigadores también observaron diferencias en la actividad cognitiva según el nivel de asistencia externa utilizado.
El problema de resolver sin atravesar el proceso
Para los expertos, uno de los principales riesgos consiste en confundir el resultado de una actividad con el aprendizaje que debería producir.
Un estudiante puede entregar una monografía correctamente redactada gracias a un chatbot, pero eso no significa necesariamente que haya incorporado los conocimientos necesarios para producirla por sí mismo.
La situación se vuelve especialmente relevante cuando la herramienta elimina los momentos de duda, búsqueda, error, corrección y elaboración personal que forman parte del aprendizaje.
Por eso, los especialistas cuestionan la idea de que alcanza con enseñar a los estudiantes a escribir mejores instrucciones o prompts para obtener respuestas más precisas. Consideran que saber interactuar con un chatbot no equivale a comprender cómo funciona la inteligencia artificial ni garantiza un aprendizaje profundo.
No toda la inteligencia artificial es perjudicial para la educación
El pronunciamiento también diferencia a los chatbots generativos de otros usos de la inteligencia artificial que pueden tener aplicaciones educativas.
Entre los ejemplos mencionados aparece un trabajo desarrollado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para utilizar IA en la evaluación de la fluidez lectora de niños. También existen herramientas destinadas a ayudar a los docentes con la gestión curricular y sistemas capaces de analizar datos educativos para identificar posibles situaciones de abandono escolar.
En estos casos, la tecnología no necesariamente reemplaza el proceso de aprendizaje del estudiante, sino que puede asistir a docentes e instituciones en tareas de evaluación, organización y seguimiento.
Por eso, los especialistas plantean que el debate no debería reducirse a estar a favor o en contra de la inteligencia artificial.
La propuesta: enseñar sobre IA en las escuelas
Frente al avance de estas tecnologías, los expertos consideran que la inteligencia artificial y las Ciencias de la Computación deberían formar parte de la formación escolar.
La propuesta apunta a que los estudiantes comprendan cómo funcionan estas herramientas, cómo fueron desarrolladas, cuáles son sus posibilidades y limitaciones y qué intereses pueden existir detrás de su creación.
Desde esta mirada, la IA debería estar presente en la escuela, pero también bajo análisis y discusión, en lugar de convertirse automáticamente en una herramienta para resolver las tareas.
El planteo abre así un debate que atraviesa a todo el sistema educativo: cómo incorporar una tecnología que ya forma parte de la vida cotidiana sin resignar aquellos procesos que la escuela busca desarrollar, como el pensamiento crítico, la creatividad, la autonomía y la capacidad de aprender por cuenta propia.

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